Quisiera compartir con ustedes una poesía que leí hoy por primera vez, y es la primera vez también que leo a este autor, es de Horacio Alberto Vero y es sobre el día del trabajo.
Ojalá que todos ustedes tengan trabajo, un trabajo digno que les de felicidad y les permita tener cada día y noche un techo sobre sus cabezas, un abrigo para los días fríos y un plato de comida en su mesa. Y para todos aquellos que no lo tienen, pidamos porque pronto puedan encontrarlo. FELIZ DÍA DEL TRABAJADOR.
Ojalá que todos ustedes tengan trabajo, un trabajo digno que les de felicidad y les permita tener cada día y noche un techo sobre sus cabezas, un abrigo para los días fríos y un plato de comida en su mesa. Y para todos aquellos que no lo tienen, pidamos porque pronto puedan encontrarlo. FELIZ DÍA DEL TRABAJADOR.
"Hoy se celebra el día del trabajo.
En algunas casas, de algunos barrios,
de algunos pueblos cercanos y lejanos,
andarán los hombres levantando en la mano
la copa del vino ganado con cansancio,
y en los patios de otoño un humo azulado
invadirá los aires con fragancias de asado.
La mujer laburante dirá desde su encanto:
es también nuestro día este día de mayo.
Preparará la mesa con un mantel bordado
donde alegría y pan, vendrán como invitados.
Pero habrá muchas casas, de muchos barrios,
de muchos pueblos cercanos y lejanos,
donde estarán los hombres, es decir los hermanos,
buscando entre las ruinas un cacho de trabajo,
con la piel suplicante de ilusión y de canto
y el corazón herido, ya casi agonizando.
Para ellos no es hoy el primero de mayo.
Para ellos la luna se desplomó en el barro.
El pájaro no vuela su vuelo esperanzado
y el lucero del alba con su luz se ha marchado.
Cada cual sabe bien quien les robó el salario,
la dignidad, la risa, la comida y el plato.
Se llevaron, se llevan, los surcos, el arado,
las palas, las fábricas, el martillo, los cascos
y el viejo mameluco, grasiento y remendado.
Por eso cuesta tanto celebrar el trabajo.
Por tanta explotación, y tan injusto pago
que duele en las entrañas y en los labios,
y rompe los cimientos de todo lo soñado.
Tal vez, tal vez un día, el primero de mayo,
asome con un sol que alumbre con sus rayos
a todas las casas y a todos los barrios,
de todos los pueblos cercanos y lejanos,
y mujeres y hombres ofrenden con sus manos
la copa del buen vino, la del justo salario,
la del laburo digno, la del sueño alcanzado,
la de la casa propia de ventanales amplios,
la de la calle grande sin ningún pie descalzo.
Quizás no esté muy lejos ese tiempo anhelado
y sea cada día el día del trabajo.
Quizás tan solo falte aprender a mirarnos
y empezar a marchar, tomados de la mano.
El cielo nos ofrece su horizonte más alto,
donde niño y paloma nos están esperando."
Horacio Alberto Vero







